Historia de dos viajeros.


Las olas del mar acarician su melena,

los granos de arena se aglutinan en su piel,

el sol la mira como si otra no existiera,

y las nubes se apartan para que pueda ver.


Los pájaros sobrevuelan al ritmo de su voz,

las gaviotas se pasean solo para estar cerca,

y yo la miro con un gesto de total admiración,

confiando que mañana pueda volver a verla.


Nueve de la mañana, los ojos entreabiertos,

pretendo adivinar el personaje principal,

ahora el sol me ayuda bajo rayos como siervos,

colándose tímidamente a través del ventanal.


Historia con giro de guión, pero sin sorpresa,

se gira y me besa, confiesa cómo tratarla.

Desnuda sonríe, da la vuelta y se aleja,

tímidamente pide un abrazo como manta.


Impregnados de sudor,

cubiertos de sonrisas,

pero locos de atar.


Sujetan al amor,

antes de la cornisa,

pero después de saltar.

 

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